Tenia puesta una camisa del Barcelona, los policías hondureños le dijeron que se la quitara, lo revisaron, encontraron un tatuaje.
"No es nada, solo hace referencia a mi hijo"
¿Seguro que no es nada?, le preguntaba el policía
nada
¿tienes más tatuajes?
Si uno en la pantorrilla, dijo mientras levantaba la pierna. hace alusión a mi hijo.
puede irse, le dijo el policía, al confirmar que no se trataba de ningún integrante de los" Maras" o de la "pandilla 18".
Entonces se alejó en medio de un callejón obscuro, dejando ver el número 10 perteneniente al futbolista argentino Leonel Messi.
En Honduras, los tatuajes son el curriculo vitae de las personas, no es necesario que te pezquen robando, golpeando o abusando sexualmente de alguien para que te apresen, aquí un tatuaje es el codigo de barras que te dice la celda que ocuparas en prisión.
Luego de esto, un activista social, me esperaba con papel, marcadores y pegamento, en una banqueta comenzamos a iluminar de color rosa el arma de 35mm que cargaba la Monalisa.
¿Por qué pintarla de rosa?
Porque aquí en Honduras, ocurren muchos feminicidios.
La pegamos en muro, por el que transitas cientos de Hondureños todos los día a todas horas, mismos que diez metros más adelante podrán repasar las tablas de multiplicar, pues grafiteamos a una colegiala estudiando la tabla del 9.
9, es la cantidad promedio que un matrimonio hondureño engendra, 9 serán los niños que no alcancen a completar su educación básica, 9 serán los infantes que caigan en la delincuencia, 9 se tatuaran y en una celda caerán.
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